Director: Takashi Shimizu
Intérpretes: Amber Tamblyn, Arielle Kebbel, Jennifer Velas, Takako Fuji
Año: 2006, Columbia
Género: Horror/Suspenso
Contenidos Específicos: Algunas imágenes atemorizantes, violencia de horror, insinuaciones y situaciones sexuales y algunas expresiones crudas.
Clasificación MPAA*: PG-13 (Los padres son fuertemente prevenidos de dar una guía especial y atender a niños menores de 13 años; algún material puede ser inapropiado para ellos.)
*MPAA: The Motion Picture Association of America
Reseña:
Secuela del filme del 2004. Esta vez Tamblyn hace el papel de Aubrey, la hermana de Karen, la heroína en la historia anterior.
Aubrey viaja a Japón para acompañar en el hospital a su hermana mayor que se encuentra muy afectada. Ella también comienza a ser atormentada por la vengativa fantasma cuya maldad ha aumentado. El espíritu –una mujer asesinada por su esposo que ahora desquita su coraje en los vivos—también infecta a Allison (Arielle Kebbel), una estudiante estadounidense en Japón, que al regresar a EEUU se lleva “La Maldición” de regreso a su casa de Chicago, donde la “esparce” entre los vecinos.
El director no proporciona un verdadero suspenso y los efectos espectrales son desperdiciados en un guión sin sentido y confuso.
Comedia mediocre con una ligera mezcla de romance, en la que Milo Boyd (Gerard Butler), un expolicía divorciado, se dedica a cazar fugitivos que han faltado a su cita en los juzgados. Cuando lo asignan para atrapar a su ex esposa Nicole (Jennifer Aniston), una periodista adicta al trabajo que por obtener una información faltó a una audiencia con el juez, Milo se regocija porque ve en ello una oportunidad de humillarla. En el ajetreo de la persecución, se ven involucrados en un caso de corrupción policiaca que los mantendrá juntos por un tiempo y que los hará reconsiderar el romance perdido.
El director Roland Emmerich, conocido por cintas apocalípticas como “Independence Day”, “Godzilla” y “The Day After Tomorrow”, parece que con “2012” ha querido hacer la madre de todas las películas de desastre. No se ha medido ni en la magnitud de la destrucción, ni en los efectos especiales que son realmente impactantes, ni en la cantidad de víctimas, puesto que las personas mueren como moscas en todas las formas imaginables. En el uso de los clichés tampoco se detiene el director; los utiliza casi todos.